La tecnología no cambia los gustos... desgraciadamente

La tecnología avanza y una de sus implicaciones es el entretenimiento. Cada generación ha ido disfrutando de los avances tecnológicos aplicados al entretenimiento pero sin evolucionar realmente en su concepto de diversión.

En mis tiempos mozos, ver tele era el merecido premio por haber hecho las tareas y por ayudar en casa.  Tiempos hermosos donde sólo había una tele y toda la familia veía el mismo programa algunas horas al día y las tardes de los fines de semana.

La tecnología avanzó y las teles se hicieron más baratas y a colores. Luego, más teles. Una en cada habitación (incluído el comedor) y hasta incluso una pequeña en la cocina (alguna vez llevé una al baño). Cada quien veía lo que quería cuando podía. Son recuerdos de horas «colado» a la pantalla viendo la caja boba.

Fueron los tiempos de las series, las pelis, los musicales y... los programas de entretenimiento. Luego el Betamax, el VHS (para ver una y otra vez «esa» peli). Luego los CDs, los DVDs y ahora los Blue Ray. En algún momento de los VHS apareció el cable y luego, en algún momento de los CDs, apareció el Internet.

Desde entonces hasta ahora, la tele se ha vuelto parte integral de mi vida. Tratar de quitarla ha sido duro y parcialmente posible. Hace unos siete años, decidí no más cable. Luego de unos días de ver los canales locales, decidí no más televisión. Mi televisor fue colocado más cerca del desván que de mi corazón y mis noches fueron cubiertas leyendo libros desde el iPad.

Siete años después, el cable volvió a tocar mi puerta lo que significó -desde luego-, adquirir una nueva tele, es decir, una con cantidades absurdas de pulgadas, pixeles y colores y, por supuesto, con conexión WIFI a Internet.

Durante esos siete años sin tele, mi gusto por las películas fue resuelto yendo algunas veces al cine y usando la computadora para ver DVDs del amigo de la esquina (a 4 por Bs. 10 cuando eres casero)  y películas de Internet.

El cine satisfacía mi gusto por las pipocas y el 3D.

Los DVDs satisfacían mi necesidad de ver calidad y novedad.

El Internet era para ver las películas «viejas» que tenían algún significado para mi. (El único inconveniente de usar el Internet para ver películas, era tener que ver publicidad no solicitada, los latentes virus y otras vainas, de las que  no tuve problemas, -en gran parte-, gracias a mi buen Linux.)

Buscando en Internet pude volver a ver las series de los tiempos familiares... con gran decepción.

Me resulta bochornoso el alto contenido (político) propagandístico, la mala calidad y los pésimos finales. Casi ninguna se salva. No se salvan series como el muy recordado «Kung Fu» o las típicas «El hombre nuclear» o «Ironside». Ni qué decir de las realmente horribles «Dallas» y «Sombras tenebrosas» . Algunas pocas se salvan o mejor aún, algunos pocos episodios se salvan de «Miami Vice», «Columbo» o «Mash».

Luego... ¡qué diablos veíamos entonces en la tele!

En cuanto a las películas, éstas siempre tienen un tono superior a las actuales, pero eso es porque tendemos a recordar sólo lo que nos impacta. He visto películas muy interesantes en estos tiempos y puedo asegurar que las usaré en el futuro como ejemplo para el cliché de que «antes hacían mejor cine», comparando los mejores filmes de una época contra todos los filmes de la otra.

Así que, vivimos nuestros tiempos como son. Ahora vemos películas en el celular: mientras caminamos o nos transportamos, en clases, en la comida, en el baño o hasta que el aparato nos despierte cuando caiga en la cara.

Que nadie diga que no son tiempos mágicos. ¡Son tiempos increíbles!

...Como fueron los anteriores.

Nuestros padres veían con satisfacción/admiración cuando conectábamos la tele al aparato de sonido, al Betamax o al VHS y hablar de cosas como estéreo o dolby.

Hoy los padres ven con satisfacción/admiración cuando sus hijos se conectan a Internet, instalan el WiFi familiar o instalan apps en sus celulares.

Antes nos llamaban los niños electrónicos. Hoy los llamamos los niños digitales. (No puedo dejar de sonreír al pensar que nuestros abuelos los llamaron los chicos eléctricos o algo así.)

La televisión ha entretenido generaciones enteras y ahora nos entretiene la Internet.

El cine va por la séptima generación; la televisión va por la quinta y el Internet por la segunda.

El cine sigue entreteniendo y ha recobrado de una forma interesante su espacio. La televisión nunca ha perdido protagonismo en el entretenimiento.

¿Cuál es el secreto de la tele?

No ha cambiado su contenido basura ni su orientación propagandística y comercial, pero sigue teniendo público. Quizá porque sigue siendo la mejor niñera.

Aunque los niños preferirían estar chateando en el Whatsapp o el Telegram, haciendo likes y posteando en Facebook, la realidad de nuestra economía hace que eso sea todavía un lujo.

La mayoría de los jóvenes siguen pegados a la tele. Supongo que para los padres no es tan trágico  ver a los niños y jóvenes absorbiendo durante horas, basura y más basura, en tanto estén en la casa y no en vaya-uno-a-saber-donde, haciendo vaya-uno-a-saber-que.

O peor aún, prefieren verlos pegados a la tele antes que al Internet. Más vale mal conocido que bien por conocer.

Entonces, podemos concluir que la tecnología avanza, pero no el pensamiento de la gente. Y en ese afán de entretenimiento bobo que tenemos, muy pocas veces hemos aprovechado la tecnología en nuestro favor.

Haciendo a un lado las líneas «tradicionales» de entretenimiento como la lectura o la pornografía, siempre hemos tenido una inclinación por el entretenimiento simplón.

La tecnología nunca resolverá eso, sólo lo resaltará. Por ejemplo, el coliseo romano aún luce espectacular y aún impresiona el tamaño y la tecnología en referencia al tiempo en que fue construido. Sin embargo, recordamos que adentro lo único que hubo fue circo.

En el futuro, tendremos implantes oculares o cerebrales que nos permitirán ver películas con navegación en 3D («entraremos» a las pelis para ver todos los detalles o incluso para colaborar en la actuación), conexión con cualquier persona en cualquier parte del mundo para hablarle y sentir lo que está sintiendo y acceso a toda la información del universo conocido.

Sin embargo, no creo que la gente cambie sus preferencias.

Buscarán versiones de dibujos animados 3D porque «su realidad» estará mejor representada que las pelis con actores... («El otro día encontré una de las cámaras. Fue una decepción completa»).

Se conectarán con vendedores de ofertas y con personas famosas y de moda (que en realidad sólo serán robots amables).

Quizá la moda será resucitar virtualmente a los que actualmente nos entretienen como el Chavo, Laura o Coelho, haciendo posible interactuar con ellos. Hablar con  Einsten o Kant será más caro.

La tecnología se anuncia espectacular, pero no creo que la gente cambie mucho por eso.

Sólo se perfeccionará el circo y cada generación amará el suyo, criticando o espantándose del circo de las siguientes generaciones.

Lo único que nos queda, es ajustar nuestros cinturones y esperar que la nueva tecnología no sea tan ruda con nosotros como lo fue con nuestros padres.

La tecnología no resolverá el problema del gusto. Eso puedo apostar.

Espero que te haya gustado el tema.

Hasta pronto.

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